Los problemas jurídicos no empiezan cuando llega el juicio
La mayoría de las personas cree que necesita un abogado cuando recibe una demanda o una citación judicial. La experiencia demuestra algo muy distinto: cuando el expediente aparece, el problema suele haber comenzado mucho antes.

Mingarini Studio / Imagen ilustrativa.
El expediente rara vez marca el comienzo del conflicto. Generalmente documenta una historia que empezó mucho antes.
Los problemas jurídicos no empiezan cuando llega el juicio | Mingarini Studio
La mayoría consulta cuando el conflicto ya estalló. Descubrí por qué los problemas jurídicos importantes suelen comenzar mucho antes y cuándo conviene buscar asesoramiento.
La mayoría de las personas cree que un problema jurídico comienza cuando recibe una demanda, una denuncia, una imputación o una citación judicial.
Después de más de treinta años de ejercicio profesional, primero como defensor público, luego como juez y nuevamente como abogado litigante, llegué a una conclusión muy distinta: nunca vi que un expediente sorprendiera a alguien; lo que realmente sorprende es descubrir que el problema había empezado mucho antes.
Cuando uno reconstruye la historia, el conflicto casi siempre aparece varios meses atrás, con una decisión que parecía irrelevante. Una firma. Una reunión. Una respuesta impulsiva a una intimación. Una publicación en redes sociales. Una actuación administrativa. Una junta médica. O, simplemente, con esa frase tan común como peligrosa: «Todavía puede esperar».
El expediente no crea el problema; apenas hace visible algo que ya venía ocurriendo.
Rodolfo Mingarini
Abogado | Director de Mingarini Studio
Siempre me llamó la atención una contradicción que repetimos con absoluta naturalidad.
Si el motor del automóvil empieza a hacer un ruido extraño, pocos esperan a que se funda para recién entonces llevarlo al mecánico. Si aparece humedad en una pared, nadie supone seriamente que desaparecerá sola. Si un médico encuentra un resultado preocupante en un estudio, lo razonable es profundizar el diagnóstico antes de que aparezcan las complicaciones.
Con los problemas jurídicos hacemos exactamente lo contrario. Como todavía no existe un expediente, creemos que todavía no existe un problema. Como ningún juez intervino, imaginamos que el derecho todavía no entró en escena.
Sin embargo, el derecho empieza mucho antes de que intervenga un tribunal. Empieza cuando una decisión produce consecuencias, aunque quien la toma todavía no alcance a percibirlas.
Hay una frase que escuché incontables veces a lo largo de mi carrera: «Doctor, si hubiera venido antes». Nunca la pronuncia quien logró evitar un conflicto.
La dice quien acaba de descubrir que la decisión verdaderamente importante no era la audiencia de la semana siguiente ni la resolución que acababa de recibir. Era aquella que tomó seis meses antes, cuando todavía tenía distintas alternativas y creyó que no hacía falta consultar. Por eso desconfío de la idea de que los abogados servimos para hacer juicios.
Muchas de las intervenciones profesionales más valiosas consisten precisamente en evitar que el conflicto llegue a judicializarse, preservar prueba, impedir un error difícil de revertir o advertir riesgos que todavía no son evidentes.
El mejor trabajo jurídico suele hacerse cuando todavía existe margen para decidir, no cuando las decisiones ya quedaron condicionadas por los hechos.
Cada vez que alguien me pregunta cuándo conviene consultar a un abogado, mi respuesta suele generar cierta incomodidad: cuando usted cree que todavía no hace falta.
No porque toda decisión requiera asesoramiento jurídico, sino porque las decisiones importantes casi nunca anuncian todas sus consecuencias.
Antes de firmar un documento, responder una intimación, formular una denuncia, aceptar una junta médica, adoptar una decisión empresarial o simplemente dejar pasar el tiempo, conviene hacerse una pregunta muy sencilla: ¿estoy por tomar una decisión cuyas consecuencias todavía no alcanzo a ver?
Si la respuesta admite una duda razonable, probablemente todavía esté a tiempo.
Porque, después de más de tres décadas viendo nacer conflictos de toda naturaleza, hay una conclusión que nunca dejó de confirmarse: cuando el expediente llega a una mesa de entradas, la historia normalmente ya empezó hace bastante tiempo.
