Cuando el Estado responde con ataques personales, el problema jurídico sigue intacto

Frente al cuestionamiento de una pretensión económica sin acto administrativo válido, sin procedimiento previo, sin daño probado y sin responsabilidad determinada, algunas voces oficiales eligieron desplazar el debate hacia ataques personales. El caso exige otra altura: legalidad, debido proceso, perspectiva de niñez y compostura institucional.

Mingarini Studio

Una trayectoria profesional larga, comprobada y prestigiada no se discute con chicanas políticas. Se discute con derecho, argumentos y respeto institucional. Cuando el Estado responde con ataques personales, solo deja más expuesta la fragilidad jurídica de su reclamo.

Cuando faltan argumentos, sobran chicanas

Una trayectoria profesional larga, comprobada y prestigiada no se discute con chicanas políticas.
El problema no es quién cuestiona el reclamo. El problema es que el Estado todavía no explicó cómo pretende cobrar más de seis millones de pesos sin acto válido, sin procedimiento previo, sin daño probado, sin responsabilidad determinada y sin resguardo suficiente de un niño de 13 años.
Cuando faltan argumentos, sobran ataques personales. Y cuando el Estado responde así, no debilita a quien cuestiona: expone la fragilidad jurídica de su propio reclamo.